Lo presiento.Un día como hoy o como cualquiera, Equis estará hartx de ser un ser varadx en la multitud. Me lo dice la espera que le está desesperando.
Cuando ese día llegue, Equis dejará su llanto para detonar su cabeza frente a mi, frente a tí y los demás.
Y no importará la opinión pública al respecto. Y no habrá justicia ciudadana para ella/él.
Será un demente, un orate. Uno más en el vórtice de los razonables y elocuentes siquiatras y doctores que sanan la sociedad. Uno más para guardar en el manicomio de las verguenzas familiares.
Fedro y Sócrates reirán con sus memorias intáctas, abastecidos del Phármakon inefable que es amor, cura y veneno.
Equis vive en ti y en mí, sin embargo, no podemos ayudarle. Cuando ese día llegue, el/ella no querrá nuestra ayuda. Desparramará sus visceras a diestra y siniestra por opción/desición éticaprofunda indecorosa. Se lo llevará el río de los muertos olvidados, de los heróicos suicidas, de los vitalistas abatidos. Se lo llevará el mar que devuelve a Alfonsina, se lo tragará el mar de delirios de Pizarnik. Morirá solo/sola de tiempo, de ganas, de tabletas bicolores para la memoria.



